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domingo, 9 de junio de 2019

¡Todos o Ningunos!


A pesar de los avances de la medicina moderna y de algunas tesis dubitativas, hoy en pleno siglo XXI la conclusión más aceptada sigue siendo que la muerte del general más grande de todos los tiempos el legendario Alejandro Magno; se debió a un envenenamiento orquestado por parte de sus generales encabezado por Ptolomeo. En efecto, desde la sucesión de Pérdicas en el 323 a. C., comenzó la guerra entre los antiguos generales de Alejandro y, se repartieron el imperio con el pacto de Triparadiso. Sin embargo, al margen de que se mantuvieron por más de dos siglos la ambición del poder fue tan desmesurada; que hoy del Imperio Seléucida no quedan ni los recuerdos.    

De Imperios a Nada.

Nadie puede negar que uno de los imperios más imponentes y poderosos de la humanidad; sin dudas lo fue el Imperio Romano.  En virtud de ello, ha sido el imperio por excelencia del mundo occidental no solo por su capacidad de conquistar y mantener grandes extensiones de territorio; sino, porque contó con una cultura sofisticada, amplió la arquitectura, la filosofía, la política y la ciencia griega hasta las generaciones futuras. Y, convirtió el cristianismo en una de las religiones más importantes del mundo. Empero, toda esa grandeza se fue por una cuneta propiciada por las continuas luchas internas desde la caída de Lucio Tarquinio el Soberbio.

Asimismo, desde la muerte de Mahoma en el 632 sus discípulos crearon otro de los imperios más poderosos que ha visto la humanidad; al cual denominaron califatos. Entre ellos el ortodoxo, omeya, abbasí, fatimí, omeya de córdoba, otomano y sokoto etc. Los mismos, acumularon tanto poder que el califato de los omeyas en términos geográficos aún sigue siendo el 4to imperio más grande de la historia. Pero, las luchas intestinas que iniciaron con Abu Bakr y Ali Abi Tálib desde el mismo día en que murió el profeta hasta el final de sus días, propiciaron que ese gran imperio que fue dueño absoluto del mundo árabe, hoy solo se recuerde por el fundamentalismo islámico.    

El PLD un Imperio Moderno.

Sería inverosímil y bufonizo pensar que el PLD es solo un partido político; es más, ¡ni lo es, ni nunca lo será! Por tal razón, es sin dudas dentro del esquema moderno una radiografía inequívoca de un imperio en República Dominicana. Toda vez que, es el único partido que ha logrado mantenerse después de la muerte de su líder y, acumuló tanto poder que hoy está muerto de éxitos y triunfos. En consecuencia, son precisamente todas glorias Barcanianas las que tienen al PLD convertido en un manicomio de sacos y corbatas. Con el agravante, de que han olvidado aquel aforismo externado por Napoleón de que, “los más grandes peligros se presentan en el momento de las victorias”.       

De igual forma, todos están ignorando que el poder tiene sus ritmos y pautas; y que, aunque la esquizofrenia del poder les haga creer que son Osiris egipcios los féretros de Ramsés, Alejandro, Gengis Kan, Atila, Nerón, Calígula, Stalin, Hitler, Lenin y muchos otros; nos muestran con profusa claridad que el poder es un autobús que va montando y dejando pasajeros. Además, al parecer el síndrome de hybris que genera el poder o la búsqueda desmedida del mismo; ha logrado que todos ignoren que Arístides, Temístocles y Pericles fueron sometidos a la óstraka y, aun después de sus desapariciones físicas Grecia continuó siendo un gran imperio.      

No Vaya más Allá de su Objetivo.

Las apetencias en las corrientes principales del PLD, han construido una hipérbole imaginaria que parte de la premisa de que no se necesitan unos a otros para seguir en el poder. Esa lógica es tan liliputiense como errática. Máxime, porque están olvidando que el 98% ha construido una historia que los obliga a tener la misma interdependencia del sociólogo y científico estadounidense Immanuel Wallerstein. Por eso, no es lo mismo que una de las corrientes propicie la desarticulación del proyecto de su adversario; que articular la muerte política de su compañero. Desde esa perspectiva, cualquier edificio que rompe una viga; es para el suelo que va.

Dentro de ese contexto, llegó el momento de volver a convertir al PLD en un matrimonio de ricos; donde todos saben que el amor nunca existirá, pero lo intereses en común sirven hasta para incubar a los hijos. En política jamás se puede olvidar la causa, y la del PLD es mantener el poder aun sea bajo el escenario de Jefferson y Adams en 1797, pues estoy casi seguro que si van más allá de su objetivo correrán la misma suerte que corrió el rey del gran Imperio Persa el legendario Ciro II el Grande frente a los masagetas de la reina Tomiris. En buen dominicano, si siguen el camino de la estrategia de suma cero verán; “que no es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar”.      

Autor: Lic. Manuel Cruz (M.Sc.)
Geopolitólogo, Abogado,
Catedrático & Comunicador




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