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lunes, 1 de octubre de 2018

“Los Enemigos del Crecimiento”


He sostenido la tesis al margen del conocido aforismo de que los amigos se conocen en el hospital y la cárcel; que las verdaderas personas que te aman los conoces cuando logras salir del anonimato financiero, laboral, social y profesional. Toda vez, que es en ese momento cuando sabemos si nuestros triunfos son los suyos o por el contrario sus desgracias. La historia y la teología registran como el hombre cae derrotado frente al crecimiento y desarrollo del hombre idealista; como lo definió el gran filósofo italiano José Ingenieros en su obra “El Hombre Mediocre”. 

Uno de los primeros vestigios de esta aseveración se registra en el libro del génesis en la Biblia, donde el hermano de Abel, Caín, lo asesinó porque Dios prefirió la ofrenda de Abel. De igual forma, la historia romana reseña que Rómulo mató a su hermano Remo; peleando el reinado de la recién nacida nación. Asimismo, otros han llegado al extremo de ni siquiera agradecer los frutos y crecimiento que el destino les ha deparado, como fue el caso de Bruto quien dio muerte al gran Julio César y, que en ese momento era Senador gracias precisamente a que el propio César le perdonó la vida; lo hizo pretor y gobernador de la Galia.

Portadores de la Envidia.

Es increíble que las personas inviertan el tiempo que necesitan para tratar de triunfar en despreciar, maldecir, envidiar o abaldonar. En convertirse en estólidos solemnes francotiradores de la maldad; por el crecimiento y desarrollo ajeno. Que sus cerebros sean tan minúsculos que no le permitan ver el pasado lleno de obstáculos de ese que se desarrolló; que como dice Serrat “hizo camino al andar”. Que no encontró quien le extendiera las manos y que sus únicos aliados fueron el estudio, el trabajo y la determinación hacia el éxito manifestada en inconmensurables noches de insomnio. Desgraciadamente, la democracia es tan pletórica que patrocina a recalcitrantes destiladores de prejuicios.

Qué difícil es comprender y digerir que mientras no ostentamos, no molestamos. Que cuanto más tenemos; más detractores poseemos, que mientras más estudiamos a más ignorantes afectamos. Que hasta en política mientras no aspiramos somos más bueno que los mismos Santos. Y, que cuando creces en sentido general; los liliputienses ingratos de tu presente son los mismos beneficiados de tú pasado. Inclusive, muchos de ellos han alcanzado el éxito gracias a tu benevolencia. Con el agravante, que son los mismos que te fabrican defectos en aras de no reconocerte o valorarte en su justa dimensión.  

Una Sociedad sin Sustancia.

El filósofo alemán Max Scheler estableció “que en el mundo recorre el fantasma del resentimiento”, que no es otra cosa que un auto-envenenamiento psicológico del individuo. Estamos asistiendo al funeral del reconocimiento al mérito ajeno y celebramos a diario la germinación de los nuevos bancos de odios de Sloterdijk. Estamos presenciando las fiestas patronales de una sociedad genocida del talento, en la que los críticos de todo y de todos; se enfrentan con virulencia a los hombres que madrugan. Paradójicamente, con el mismo esfuerzo y dedicación que se necesita para ser exitoso. 

Dentro de ese contexto, estamos viviendo en un momento histórico en que el hombre científicamente es un gigante, pero nada de eso sirve sin el consentimiento de los detractores. En una sociedad donde los invertebrados cerebrales están queriendo arrebatar por la fuerza, los frutos y el éxito que pertenecen a la meritocracia. Y, donde hemos llegado al extremo de trastocar los conceptos de emprendedores y brillantes; reservándolo y adjudicándoselo a pelafustanes y perros realengos que han tenido la suerte momentánea de firmar una nómina.    
 
Autor: Lic. Manuel Cruz (M.Sc.)
Geopolitólogo, Abogado,
Docente & Comunicador


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