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sábado, 17 de marzo de 2018

“El Gatopardismo de la Ley Electoral y de Partidos”


Desde la caída gradual del liderazgo hegemónico y la personificación institucional que encarnó Joaquín Balaguer a partir de 1996, la República Dominicana comenzó de igual forma, un amplio proceso de descentralización de la democracia y la adopción; de un número importante de legislaciones que han venido a construir el incipiente Estado de Derecho que tenemos en la actualidad. Dentro de ellas, la Ley Electoral 275-97 y la Constitución 10/15, etc. 
Sin embargo, a pesar de los evidentes avances el sistema político/electoral dominicano sigue matizado por el patrimonialismo y el mercantilismo, como afirmó; el profesor de la Universidad de Oslo Dr. Leiv Marsteistredet.


De igual forma, el politólogo argentino experto en elecciones y gobernabilidad Daniel Zovatto, considerado como uno de los profesionales más atiborrados de toda Latinoamérica en esta materia. Ha manifestado en innumerables ocasiones la necesidad perentoria de que la República Dominicana; arribe a un amplio proceso de reformas en materia electoral. Inclusive, recientemente manifestó, que era preferible no celebrar elecciones en 2020, si eran de celebrarse en el marco de la legislación actual. Empero, sin dejar de reconocer la pertinencia de los planteamientos de Zovatto, pienso que querer adjudicarles a los proyectos que reposan en el Congreso la categoría de panacea electoral y política; resulta inverosímil y carente de profundización sociológica.

Ley del Régimen Electoral.

Nadie en el país puede ignorar la necesidad de una reforma a la obsoleta Ley Electoral 275-97. Sin embargo, he manifestado en diferentes ocasiones que, ninguno de los proyectos que fueron depositados por la Junta Central Electoral por ante el Congreso, sirve en realidad para solucionar las antiquísimas prácticas; ni las debilidades institucionales del sistema electoral ni de partidos. Toda vez, que presentan grandes avances desde la perspectiva formar de la democracia. Empero, carecen de profundización y abordaje del pragmatismo vernáculo de los procesos políticos del país, ya que los mismos; parten de enjundiosos análisis doctrinarios.

En ese sentido, podemos citar algunos ejemplos como son: La prohibición taxativa al fraccionamiento del sufragio, para que usted siga votando por un Diputado o Regidor en una circunscripción donde hay varios y, les impongan a otros que usted ni conoce. La promoción y apoyo de las alianzas electorales a perpetuidad, lo que deviene en bisagrísmo electoral. La imposibilidad de presentar candidaturas independientes sin partidos. La falta de fijación y legitimación de la sucesión de los escaños congresuales por quienes participaron en el proceso. La fecha cierta y control de apertura de campaña. No limita el bombardeo mediático de las encuestas, ni muchos otros elementos de igual importancia. Con el agravante, de que el proceso es liderado por los mismos actores de hace 40 años. Motivo por el cual, en esencia; es el mismo sistema decimonónico.   

Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas.

Así mismo, se ha esgrimido la idea de manera muy exitosa, que el proyecto de Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas que reposa en el Congreso; es tan necesario como vital para el sistema. Llegando inclusive a decir; que en la actualidad los partidos no están regulados por una norma, utilizando para ello; mecanismos de comunicación de la llamada “post-verdad”. Olvidando a propósito, que los partidos están mínimamente regulados por la actual legislación electoral 275-97 y, que ese proyecto junto con algunos avances en sentido general, es una copia fiel de los artículos 41 hasta el 78. De igual forma, dicho proyecto aporta pocas soluciones a los problemas actuales que tiene el sistema de partidos desde la óptica interna, que es la génesis del desastre.

Desde esa perspectiva, uno de los problemas más grandes del sistema es la ficción de un multipartidismo, ya que el 80% de los partidos no alcanza siquiera el 2% del sufragio general. Sin embargo, cuando deberían desaparecer, todos se pusieron de acuerdo para que la personería se mantenga con el 1%. De igual forma, el mayor problema del sistema conjuntamente con la transparencia de los recursos, la carencia del debate electoral y la alternabilidad. Sin duda alguna; lo constituyen las famosas asambleas generales de delegados, recogidas y ratificadas por este proyecto, que son las mismas que hacen posible que grupos de logias, familiares, canchanchanes y tumba polvos, puedan decidir en una reunión; el futuro de 13 millones de ciudadanos. Toda vez, que son los proyectos posibles y no; los que realmente necesitamos.

Autor: Lic. Manuel Cruz (M.Sc.)
Politólogo, Abogado & Especialista en Geopolítica

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